Apocalipsis 20:15
Y el que no se encontraba inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.
Estimado lector,
Anteriormente escribí sobre los primeros tres pasos bíblicos que se deben dar para obtener la salvación del lago de fuego. Si ya los diste, entonces lo que debes hacer ahora es pedirle al Padre que te salve del lago de fuego por medio de Jesucristo.
La forma correcta de pedirle algo al Padre es hacerlo como lo hizo Jesús cuando estuvo en el Huerto de Getsemaní, la última noche antes de ser traicionado. Fue allí a pedirle a Dios no tener que ir a morir a la cruz. Hebreos 5:7 dice que ofreció oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas, y que por eso fue escuchado. Esos cuatro pasos también los tienes que dar tu si quieres que el Padre te escuche.
Jesús tomó a tres de sus discípulos y les pidió que oraran con él en el huerto. Al hacer eso, Jesús ofreció las oraciones de ellos más la suya; cuatro en total. Ofrecer oraciones es pedirle a otros que oren por ti; ese es el cuarto paso.
Mateo 18:19
Otra vez os digo que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra sobre cualquier cosa que pidan, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.
Para poder ofrecer oraciones, debes confesar tu necesidad a los demás. Jesús le confesó a sus tres discípulos que estaba triste hasta la muerte (Mateo 26:38); desnudó su alma delante de ellos. ¿Estás dispuesto a declararle a los demás lo que realmente eres y revelarles tu necesidad y tu vergüenza para que puedan orar por ti? Para que puedas recibir la salvación del lago de fuego debes hacerle saber a los demás que mereces ir a ese lugar por ser un pecador y debes pedirles que oren por ti porque tu no quieres terminar siendo arrojado ahí.
Ofrecer súplicas es el quinto paso.
Jesús oró durante una hora en el huerto diciéndole al Padre: “Padre mío, si es posible, pasa de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que tú quieras”. Después esperó a que el Padre le respondiera, pero no hubo respuesta. Entonces Jesús se levantó y fue a buscar a sus tres discípulos. Cuando llegó, los encontró durmiendo e inmediatamente entendió que la razón por la que aún no había recibido una respuesta era porque las oraciones habían cesado. Entonces Jesús los despertó y les exhortó a que siguieran orando, y él también regresó a orar. Al hacer eso, Jesús estaba ofreciendo súplicas. Suplicar significa seguir insistiendo hasta recibir la respuesta. ¿Cuánto tiempo tendrás que suplicarle al Padre para que te salve del lago de fuego? El tiempo que sea necesario. Jesús tuvo que suplicar tres veces para recibir una respuesta. Es posible que a los pocos minutos de suplicar, Dios te responda y te diga que está hecho; pero si no recibes una respuesta de Dios en cuestión de minutos, debes continuar suplicando. Debes suplicar diariamente hasta que recibas la respuesta de Dios.
Orar con gran clamor es el sexto paso. Para que Dios nos escuche e intervenga, nuestra oración tiene que incluir gran clamor. Después de estar esclavizados por cerca de 400 años en Egipto, el pueblo de Israel clamó a Dios para que los salvara. Fue entonces que el Señor dijo: “Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he escuchado su clamor a causa de sus capataces”, y procedió a liberarlos (Éxodo 3:7). Si no hay clamor, no hay respuesta y Dios no va a actuar.
Tu clamor debe salir desde tus entrañas, cómo el del apóstol Pablo; él oraba por sus discípulos hasta el punto de experimentar dolores como los de una mujer durante el parto (Gálatas 4:19). La Biblia también menciona otros ejemplos de personas que clamaban de esa manera (Isaías 42:14). Por eso Mateo 6:6 dice que cuando le oremos al Padre nos encerremos en nuestro aposento: Necesitamos hacerlo con libertad. Solo en un lugar privado o en la congregación tendremos esa libertad.
Añadir lágrimas a tus oraciones es el séptimo paso. Han habido personas que me han dicho cosas como: “Pastor, fíjese que yo quisiera llorar, pero jamás en mi vida he llorado”. Yo les digo que son mentirosos, porque aun al nacer lo primero que hicieron fue llorar. Algunos me han respondido que eso fue en ese tiempo pero que la vida ha sido tan dura para ellos que ya no pueden ni llorar. Otros dicen que no pueden hacerlo porque desde chiquitos les enseñaron que no deben llorar. Yo les respondo que se pellizquen si tienen que hacerlo, pero que tienen que llorar. No hay excusa para no llorar; todos debemos llorar porque las lágrimas son la sal de la oración al Padre. Dios le dijo al pueblo de Israel que toda ofrenda que le dieran tenía que llevar sal (Levítico 2:13). Una oración al Padre sin lágrimas es insípida; si no le lloras al Padre, Él no va a recibir tu oración.
Es importante que sepas que el Espíritu Santo es el que tiene la autoridad de responder tu petición; no es tu pastor y no es la congregación. Romanos 8:16 dice que es el Espíritu Santo quien le da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Tristemente hoy muchos toman la osadía de decirle a la gente que ya está salva, pero no debes confiar en lo que te dicen esas personas. Y una vez que recibas la respuesta de Dios, solo tendrás que dar gracias. Y eso lo harás a través de la vida qué vivirás para Dios en agradecimiento.
Todo ser humano, en algún momento de su vida, le pedirá a Dios que lo salve del lago de fuego. Si lo haces mientras estás vivo en esta tierra, la respuesta de Dios eventualmente será un “sí”. ¿Pero qué pasaría si murieras sin jamás haberle pedido a Dios que te salvé de ir a ese lugar? Imagínate estar frente al lago de fuego en el día del juicio, con un ángel parado a cada lado tuyo, y escuchar la voz de Dios en el fondo diciéndole a esos ángeles que te arrojen al lago de fuego. ¿Qué harías mientras te escoltan allí? ¿Aceptarías tranquilamente tu destino? La verdad es que nadie lo haría. En ese momento cualquier persona le rogaría a Dios que lo salvara. Cualquiera gritaría y diría: “¡Perdóname Señor! ¡Reconozco que soy pecador! ¡Reconozco que hice lo malo, pero ten misericordia! ¡Sálvame Señor, no quiero ir allí!”. ¿Y cuál sería la respuesta de Dios en ese momento? Sería un “no”. Dios te diría que debiste haber hecho eso mientras estabas vivo en la tierra, pero que elegiste no hacerlo; y terminarias siendo arrojado a ese lugar. Por eso hoy te pregunto: ¿Ya le pediste a Dios que te salve del lago de fuego?