Génesis 1:26
(26) Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra.
Hay personas que por ignorar la Palabra de Dios hacen preguntas como: “¿si Dios existe, entonces por qué hay tanta pobreza y por qué hay tantos niños que sufren?”. La Biblia nos muestra en el libro de Génesis que Dios no hizo al hombre (al varón y a la mujer) para que tuviera una vida miserable y llena de sufrimiento. Al contrario, lo hizo para que gobernara, para que reinará y para que viviera una buena vida; Pero el hombre no valorizó esa posición y la perdió.
Génesis 1:27
(27) Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
¿Cuál era el plan original de Dios? Hacer al hombre a su imagen y semejanza. Pero en el momento en el que Dios crea algo, sus planes para esa creación no necesariamente se tienen que concluir inmediatamente. Así fue en el caso de Adán; Dios aún no había terminado su trabajo en el ser humano cuando lo creó; Tenía que seguir trabajando en el hombre, porque aunque fue creado a la imagen y semejanza de Dios, la semejanza se le fue dadá en forma de semilla, la cual tenía que brotar a su tiempo, ya que la semejanza se refiere a la naturaleza interior; La evidencia está en la forma en que el libro de Génesis nos explica la creación del hombre: el capítulo 1 habla acerca de la creación del ser humano y el capítulo 2 habla acerca de su proceso de formación; Dos etapas distintas pero interrelacionadas. Ese detalle es clave para entender más acerca de cómo Dios trabaja.
Génesis 2:15-17
(15) Entonces el SEÑOR Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara. (16) Y ordenó el SEÑOR Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer, (17) pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás.
Vemos que el Señor le puso límites al hombre. El estableció diferentes árboles en el huerto; entre ellos estaban el árbol del conocimiento del bien y del mal y el árbol de la vida. El Señor no le prohibió al hombre comer del árbol de la vida, pero si le prohibió comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Pero entonces, ¿por qué pondría Dios ese árbol en el huerto, si no quería que el hombre comiera de él? Para poder entender la respuesta a eso, primero hay que entender qué había exactamente en el árbol del conocimiento del bien y del mal.
Génesis 3:1-5
(1) Y la serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el SEÑOR Dios había hecho. Y dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: “No comeréis de ningún árbol del huerto”? (2) Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; (3) pero del fruto del árbol que está en medio del huerto, ha dicho Dios: “No comeréis de él, ni lo tocaréis, para que no muráis. (4) Y la serpiente dijo a la mujer: Ciertamente no moriréis. (5) Pues Dios sabe que el día que de él comáis, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal.
Aunque la serpiente torció la Palabra de Dios y engañó a la mujer, parte de lo que dijo era cierto: comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal haría a la mujer como Dios (en el sentido de que la haría conocer el bien y el mal, igual que Dios); Dios mismo lo confirma en Génesis 3:22. Eso significa que Dios colocó el árbol del conocimiento del bien y del mal en el huerto para que con él, y con el árbol de la vida, se complementara la semejanza de Dios en la vida del hombre. Pero el hombre estaba en un proceso y tuvo que ser probado; Dios le propuso que si quería perfeccionar su semejanza a Dios, entonces tendría que obedecer las instrucciones de Dios, y Dios le ordenó al hombre que no comiera del árbol del conocimiento del bien y del mal; pero solo porque aún no era el tiempo de hacerlo.
Genesis 3:6
Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido que estaba con ella, y él comió.
Eva era una mujer que tenía entendimiento. Ella analizó y dijo: “comiendo esto voy a estar en la voluntad del plan original de Dios”. Pero el problema fue que ella actuó fuera del tiempo de Dios. Es importante que entendamos los tiempos que Dios marca en nuestra vida. Hay un tiempo que Dios tiene trazado y nosotros tenemos que ir a ese ritmo sin adelantarnos y sin atrasarnos. Encontramos un buen ejemplo de esto cuando Dios sacó al pueblo de Israel de Egipto; Él les mandó a ellos una nube para que los guiara y ellos tenían que ir al paso de esa nube para poder llegar a la tierra que Dios les había prometido. Entonces tu debes de entender que hay procesos en los cuales Dios te va a ir metiendo. Él te va a dar tiempos para hacer las cosas, pero es tu deber aprovechar esos tiempos porque no siempre estarán ahí. Si nosotros entendiéramos esos principios, entonces nuestra vida sería diferente.
La humanidad debe cambiar su forma de pensar, porque ¿cuántas cosas hemos hecho que no deberíamos haber hecho, pero que las hicimos solo porque podíamos hacerlas? Por eso hemos fracasado muchas veces: porque no entendemos que no se trata de si se puede hacer algo o no, sino de si es el tiempo adecuado de hacerlo o no. Si Eva hubiera entendido eso, entonces todo hubiera sido diferente.
Hay gente que ya se le pasó su tiempo. Cómo dijo el pueblo de Israel en Jeremías 8:20: “pasó el verano y nosotros todavía no hemos sido salvos”. Hay padres que no aprovechan el tiempo que tienen con sus hijos; no les dan a sus hijos el tiempo que deberían. Lo triste es que ya cuando quieren dárselo, es demasiado tarde y los hijos no lo quieren. También hay padres que no aconsejan bien a sus hijos; pero cuando sus hijos se casan, ellos se meten a sus casas para intentar aconsejarlos. Ellos tuvieron a sus hijos viviendo en su casa durante años y nunca les enseñaron, pero después de que los hijos se van de la casa es cuando deciden hacerlo, sin entender que su tiempo de dar consejos se acabó. También hay gente que no supo aprovechar los tiempos de la formación y capacitación ministerial que Dios les dio; nunca se prepararon para el ministerio al cual Dios los llamó a que realizaran, pero ellos dicen: “voy a ir a hacer la obra de Dios”. Esa gente termina mal en el evangelio, porque el enemigo tarde que temprano los hace caer. Por eso la Palabra de Dios dice en el libro de Eclesiastés que hay un tiempo para todo. Fijémonos en cómo Dios trabaja aún con las estaciones del clima; no todo el tiempo se siembra y no todo el tiempo se cosecha. También hay un tiempo en el que la tierra tiene que descansar. De la misma manera, también es importante que tomemos un tiempo para reflexionar y para prepararnos para otras etapas que vienen.
Tú debes de entender los tiempos que estás viviendo; aprendamos el plan de Dios. El plan de Dios era darle de comer al hombre del árbol el conocimiento del bien y del mal porque eso complementaria el que se perfeccionará la semejanza de Dios en el hombre; pero el hombre se adelantó. Tú tienes que preocuparte en andar en los tiempos de Dios.
Génesis 3:7-10
(7) Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; y cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales. (8) Y oyeron al SEÑOR Dios que se paseaba en el huerto al fresco del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia del SEÑOR Dios entre los árboles del huerto. (9) Y el SEÑOR Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás? (10) Y él respondió: Te oí en el huerto, y tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí.
Cuando Dios hizo al hombre, hizo algo bueno; el hombre no conocía temor, no conocía su situación de que estaba desnudo y no le temía a Dios. Cuando Dios venía a buscarlo, el hombre salía a recibirlo. Pero, ¿Cuál es la condición actual del hombre? Una vida llena de temor. Ahora cuando él hombre oye la voz de Dios, se esconde. Pero el hombre no está en esa condición por culpa de Dios. Si a ti no te ha ido bien o si tú no tienes una buena vida, eso no es culpa de Dios. Eso es culpa tuya y debes admitirlo. También debes de entender el corazón de Dios; Él todavía nos está preguntando: “¿dónde estás?”. Dios anda buscando al hombre y le está ofreciendo restaurarlo, pero tristemente el hombre no quiere.
Génesis 3:22-23
(22) Entonces el SEÑOR Dios dijo: He aquí, el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal; cuidado ahora no vaya a extender su mano y tomar también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre. (23) Y el Señor Dios lo echó del huerto del Edén, para que labrara la tierra de la cual fue tomado.
Dios básicamente le dijo al hombre: “¿qué hiciste? Yo te tenia en un proceso, pero tú hiciste las cosas a tu manera; te saltaste los tiempos y ya no puedes alcanzar el plan que Yo tenía para ti”. Cuando nosotros metemos nuestro entendimiento, nuestro gusto y nuestra forma de pensar, terminamos estropeando los planes de Dios. Solo aquel que va delante de Dios todos los días para suplicarle que le enseñe lo que tiene que hacer, solo ese va a lograr alcanzar los propósitos que Dios tenía para él. Esa fue la victoria de Cristo Jesús: Él solo hacía lo que veía que el Padre hacía (Juan 5:19) y Él no hacía su voluntad sino la voluntad del Padre (Juan 6:38). Si Cristo vivió de esa manera, entonces ¿quiénes somos nosotros para decir que tenemos nuestros propios planes? Yo lo que menos quiero es que se haga mi voluntad. Yo lucho para siempre decir: “no se haga mi voluntad Señor, sino la tuya”. Dios quiere que tu alcances el tener su semejanza. Tienes otro año por delante. Cuando termines este año (si es que lo terminas), ¿cómo lo vas a terminar? ¿en la misma situación en la que estás ahora y haciendo lo mismo? Necesitas establecer una meta o seguirás igual. Es triste que durante estas primeras semanas del año, la gente en muchas iglesias lo que busca es hacer sus resoluciones de año nuevo. Ellos dicen: “este año si me voy a consagrar”. Todos los años hacen lo mismo, pero la verdad es que eso no tiene valor alguno. Tu lo que debes hacer es tomar una determinación en tu corazón independientemente de lo que venga a tu vida. Debes estar seguro o segura de quién eres en Dios y de cuál es tu meta, tu propósito y tu respirar diario.
Dios aún no ha terminado su obra en ti. El hombre que fue llamado a tener la semejanza de Dios no alcanzó el propósito de Dios para su vida; que no te pase lo mismo a ti. La Palabra de Dios te da esta promesa: que el que empezó en ti la buena obra, Él es fiel y justo para terminarla (Filipenses 1:6). Te invito a que caminemos en esa fe. Recuerda siempre lo que el salmista dijo: “Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza” (Salmos 17:15 RVR).